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viernes, 19 de julio de 2013

Koalas en la cama

Es la misma sensación de hace ya dos años.
Encontrarnos por casualidad, y por un instante, fugaz, venirme a la cabeza miles de recuerdos tuyos. El primer beso, la primera caricia, la primera risa y el primer te echo de menos.. nunca un te quiero, nunca lo sentiste, lo se. 
Eres una brisa pasajera, de esas que no dejan huella, pero... yo no, tonta soñadora. 
Una mirada, escalofríos recorrieron mi espalda, desde la nuca hasta los dedos de los pies, senti que las piernas me fallaban, miles de partículas explotaron dentro de mi, el hecho de que no muriera en ese instante tiene que ver con fingir que estoy bien sin ti, que me das igual y que nunca significo nada. Miento.
Te acercas y me sonríes, una pequeña charla con discreto nerviosismo y cortesía, no se pide más. No recuerdo que nos dijimos, estaba muy ocupada observando tus ojos marrones, tu sonrisa pícara, tu acento diferente y a la vez tan atrayente... todo tu lo es. 
Un beso en la mejilla, rápido, te vas... te marchas y te confundes con la multitud. Ahí me quedo yo, parada, todavía sintiendo la última sensación de tu beso en la mejilla, de tus labios rozando mi piel sin ningún propósito, aquellos labios que alguna vez besé.
Supongo que fuiste mi primer amor, mi primera obsesión interna... no eres para mi, ambos lo sabemos, pero mi corazón no entiende a razones y sigue con la esperanza de que alguna vez sientas nostalgia por hablarme, aunque ambos sabemos, que no serás así.